2 de noviembre de 2008

aversión


Mientras te pensaba, cerré los ojos y me perdí.
Sentí que mi cuerpo se elevaba y me llevaba,
a ti me llevaba
y claro, como siempre, yo caí ante ti
porque mil veces he caído por ti.

Yo esperaba que volvieras tus ojos hacia mi,
pero en tus entrañas solo hay ego y vanidad,
una disculpa es muy humana 
para alguien que se baña en soberbia
y que vuelve a su refugio de espejos
para alabar su imagen de cristales
y endiosa sus defectos.

Y es que las disculpas no caben en tu boca,
y en realidad tienes razón, no es tu culpa;
la culpa es mía por darte importancia,
por hacerte creer mejor que yo
y por mostrarme inofensiva ante ti
cuando podía, de una cachetada, voltearte la cara.

(incompleto) 

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